(del laberinto al treinta)


jueves, 1 de diciembre de 2016

Abundio y el BBVA

Las tripas del BBVA, no el banco, sino el edificio de Miraflores, la Ballena Blanca Varada de Andalucía, también conocido como el Secuatro, parece que empiezan a moverse. La prueba de que se pondrá al servicio de las últimas tecnologías la encontramos en el hecho de que su arranque haya comenzado con una arriesgada apuesta por la designación de mandos totalmente digitalizada. Eso sí, a prisa y corriendo. Y ya sabemos que la prisa no es buena Consejera y menos de Cultura de Andalucía.

Todo parece haberse desencadenado precipitadamente por el intento de nuestra bruja Desgracia (así, sin acento) de, ante las contundentes protestas de los usuarios, esmerilar su última maldad: el traslado de la Filmoteca a su vientre. Se trata de una ultimísima oportunidad de seguir haciendo el paripé de que ha servido para algo el gasto de 30 millones de euracos en el que se prometía Milagroso Edificio Fantástico Emblema de la Contemporaneidad Creativa Cordobesa. Y consolación por el gatillazo del Sipote del Kurha, que no consiguió ereccionar frente a la cara de la Mezquita.

Ese intento de traslado de la Filmoteca, aún maravillosamente situada en la Judería, al vientre del albo cemencetáceo, puede entenderse legítimamente como uno más de los acreditados apollardamientos propios de unos políticos que corren por el campo de la cultura como pollos sin cabeza, pero es más correcto entenderlo cambiando el último término de la comparación: que corren por ese campo como pollos con la cabeza de otro que manda más que ellos y al que suele representársele en las caricaturas con chistera y puro en la boca.

Sí, amigos, el traslado de la Filmoteca responde, como casi todo en ella, al claro interés de los alquiladores de camas y vendedores de flamenquines de esta ciudad, o sea, de sus putos amos. Ni a los políticos ni a los hosteleros les interesa una mierda que la Filmoteca de Andalucía, la migaja que concedió Sevilla a su hermana chica pa que no llorase, sea probablemente el único equipamiento cultural dependiente de la Junta que medianamente funciona en la ciudad. Y eso es así porque lo hace discretamente. Y a pesar de ciertas turbiedades que ahora no vienen a cuento. Libre por ahora de la tomatinización de la cultura que tanto nos gusta y que tantos votos proporciona a quien la provee. Pero necesitan el espacio que hoy ocupa para seguir chapuceando, como vienen haciendo desde hace la friolera de dieciséis años, con la idea de construir un palacio de congresos, como el que ya tienen Málaga, Granada y Sevilla, todos, por lo que sé, negocios suficientemente ruinosos. La idea es que vengan congresistas que gasten sábanas y trasieguen flamenquines, negocio redondo, si es que finalmente funciona, para quienes consiguen su mayor beneficio con la explotación salvaje de los trabajadores. Pero como no hemos tenido los riles suficientes para hacer uno bueno, bonito y barato, cuya moderada inversión compense su dudosa utilidad para quienes no alquilan sábanas ni venden flamenquines, confisquemos el espacio de lo que funciona para ver si mareando la perdiz de engordar constructoras, dar curro a unos paletas durante un tiempo y hacer como que hacemos, maqueteando proyectos y soluciones de márquetin político podemos aguantar un tiempecito más.

No sé si la doña no contaba con la reacción de los usuarios de la Filmoteca o que al final han vuelto a hacer cuentas, el caso es que… bueno, que sólo la puntita nada más, o sea usar una parte del vientre cemencetáceo como almacén de la Filmo y luego, una vez que os aburráis, ya veremos. Y ya de paso, como para disimular y seguir haciendo como que hacemos, vamos a consumar ¡¡¡LA QUINTA!!! inauguración del emblema de la voluntad de una de las ciudades más tradicionales del país por transfigurarse en la Meca de la Creación Contemporánea. A ver..., tú y tú a mandar. Y veamos... unos artistas… ¿quién conoce a unos artistas bisoños? No más de dos por ahora, que está la cosa mu achuchá, que quieran llevarse quinientos eurillos por que se los trague el monstruo y que sus tripas se muevan lo suficiente como para que dé la impresión de que digiere y excreta arte contemporáneo der güeno.

Podría ser hasta bonito si no resultara todo patético. En esta ciudad la única industria cultural boyante y que crece imparable es la del narcocatolicismo cofrade y su apulgarada estética basada en el tenebrismo y la quincalla churrigueresca que lo enmarca, porque nunca se apostó desde las instancias públicas por ninguna otra alternativa en serio y porque para una vez que pareció intentarse se hizo con el espíritu de Abundio, aquel pobre de los chistes que vendía la moto pa comprar la gasolina. Confundiendo todo lo confundible, aquí quisimos en el mismo lote un Guggenheim y un Bilbaoarte, un Kursaal y un Arteleku como tienen bilbaínos y donostiarras, un emblemazo carísimo de la contemporaneidad y un lugar razonablemente presupuestado donde enseñarla. Bilbaoarte, donde se becan cada año a unas decenas de artistas -algunos cordobeses y bastantes andaluces- está situado en un viejo colegio reciclado y todo el dinero con que lo provee el Ayuntamiento, de quien depende, va para las becas de los artistas -lo único importante y lo que da sentido al proyecto- y si sobra algo se usa para dotaciones edilicias. Arteleku -tristemente desaparecido e incapaz de haberse reencarnado con el mismo espíritu en Tabakalera- y que conservó, sintomatología, la biblioteca de Pepe Espaliú- de Donosti se instaló en una vieja fábrica abandonada y en él se formaron, por cuenta de la Diputación de Gipuzkoa, cientos de artistas en sus 25 años de vida.

Pero si para poder contar con el poderío emblemático de un edificio de firma que te coloque en el mapa de los turistas hace falta ser suficientemente rico y con todo considerarlo una inversión perfectamente estudiada, para contar con un centro de creación de arte lo que hace falta es voluntad de hacer precisamente eso, imaginación y decencia. Algo de lo que nuestros políticos con verdadero mando en plaza han carecido desde hace muchos, demasiados años. Aquí lo quisieron todo en un compact, sin contar con que racionalidad y tradición creadora no se compran a golpe de talonario y menos si es de dinero público. Y con que no todo en cualquier lugar funciona de la misma manera si no se dan las mínimas condiciones necesarias.

Para quien se quiera hacer una idea de la clase de pollos descabezados que han correteado por el campo de la cultura en Córdoba sólo tiene que saber que Santi Eraso, el fundador de Arteleku, se ofreció para dirigir la oficina de la Capitalidad Cultural Europea 2016. Y luego recordar quién y cómo terminó haciéndolo. Eraso en vista del desprecio se ofreció a su ciudad, Donosti, con el resultado que todos conocemos. ¡Viva la espabilaúra!

Los artistas/creadores de la ciudad se mosquearon porque aquella gestión no contó con ellos sino para que curraran gratis. Más razón que un santo, y además se crecieron como pavos empechugados cuando aquel comisario que vino desde Europa y al que al pobre encajaron un sombrero cordobés e hicieron bailar sevillanas consiguió desembarazarse de la caspa con la que pretendían enterrarlo, se puso serio y se lo recriminó a los gestores del Dormidisisái. Pero no escuché a ninguno que protestara por la delirante, irracional, catetonovorriquista obra de la Ballena Blanca Varada. Entonces ninguno miró a Arteleku como modelo, sino al Guggenheim. Todos se la frotaban con fruición ante la maravilla arquitectónica y las posibilidades que prometía… de quedar varada para siempre porque la pasta que una vez hubo para financiar la creación se gastó en las paeres de lujo del chiringuito donde habría de gestarse. Como aquel chiste de Abundio.

Por eso me hace gracia que anden mosqueados estos días porque los de Ganemos han sacado un video, más malo que el sebo perro y más tendencioso que un cura en un púlpito, sobre los 30 millones que costó el ballenón pa ná. Tienen razón, el video carece del más mínimo análisis y no apunta a nada más que a lo de los 30 estériles kilos que costó y parece, sólo parece, o al menos eso espero, que incitan a la gente a que manifiesten preferir que se haga un polideportivo o que se migajee a los pobres a que se funde un centro para dar oportunidad de formarse y trabajar a jóvenes con talento suficiente para convertirse en verderos artistas de lo contemporáneo. Que no creo que vayan por ahí las criaturas, aunque ya deberían afinar un poco más y cuidar los guiones. Pero desde luego los artistas locales de lo contemporáneo -gremio del que por cierto en los últimos tiempos se está destapando un ganao reaccionario que asusta- igual deberían ser más modestitos y ya que proclaman altisonantemente que hay que contar con ellos para las cosas de crear arte contemporáneo con dinero público también deberían haberse manifestado cuando esas cosas se estaban tirando por la alcantarilla de la irracionalidad más estupidizante. Pero muchos de ellos -ay, aquellas gordísimas vacas temporales- se encontraban por entonces en perfecto estado de paniaguadismo de los políticos -municipales y autonómicos- perpetradores del engendro moral del edificio. Otros no sé dónde andaban, pero escuchárselos mucho no se los escuchó. Desde luego no hubo ningún Rogelio López Cuenca entre nosotros como al menos tuvieron los malagueños en las mismas circunstancias.

Y ahora, ante el miserable proyecto que la doña está planteando para el BBVA, cubrir mínimamente los expedientes y/o convertirlo en almacén de la Filmoteca (esperemos que se quede en eso) los artistas no han sabido reaccionar salvo contra el perpetrador del video de Ganemos. Debe ser que andan viendo si alguno consigue colocarse en él de funcionario. Algo muy legítimo, pero también un poco triste. Tristeza funcionaria, que decía el poeta peruano.

VUALÁ LA MOVIDA:

sábado, 19 de noviembre de 2016

Nueva escultura humorística en Córdoba

Bueno, pues la nueva figurita del belén estatuario caspocutre cordobés ya está en la calle. Me estoy replanteando sacar una nueva edición ampliada de LA CUESTIÓN DE LAS ESTATUAS porque desde que lo terminara han colocado cuatro ejemplares más de esa especialidad cordobesa que amenaza con poner a la ciudad en el mapa en el que no consiguieron ponerla ni el gatillazo del pollón de Koolhaas, ni la Fantasmagórica Cecuatrada: LA ESCULTURA HUMORÍSTICA.

La colocación de la escultura titulada CORDOBESA CAGANDO MIENTRAS LEE LA HOJILLA PARROQUIAL en el marco incomparable de la esquina Bulevar-Gondomar se suma así al amplio elenco de humor estatuario con que ya contamos en la ciudad (Las aguaoras feministas, El vampiro de Lacasarviejo, La cañilata, El viejo de los helados, etc…).

A la inauguración han asistido, como no podía ser menos, las principales autoridades locales que, acordes con el espíritu de la ocasión, han soltado todas las humoradas que han podido, destacando muy por encima de todas ellas esa máquina de soltar soplapolleces pajiprogres en todo momento y ocasión que se le ponga a tiro que es la actual consejera juntista y exalcaldiosa de la ciudad Rosa da Grima. En esta ha echado mano de fondo de armario de apurgaradas muletillas y ha sacado la manidísima de cuando alguna cosa de inaugurar tiene que ver con mujeres, ya se encuentren cagando, leyendo el periódico o llenando feministamente de agua sus cántaros: un ejemplo de que el siglo XXI es el siglo de las mujeres. Un jondísimo ¡olé! salió de todas las gargantas cuando la incombustible terminó la faena declamatoria.

El autor de la obra es nada menos que el único escultor español con obra en el Vaticano (amén), ahí es nada, el rey del mármol de Carrara, por ser ese nobilísimo y níveo material el usado casi exclusivamente hasta ahora para arrancar las formas bellas y excelsas a la materia que esculpe. Su colección de cincuentaytantas albísimas esculturas de cordobeses insignes que le encargara el no menos insigne mecenas Sandokán para convertir Córdoba de nuevo en la Roma de la Bética, duermen el sueño de los justos en algún galpón del Higuerón esperando a que algún político ponga alma, corazón y vida (y cojones u ovarios y táchese lo que no proceda) al asunto y los mande diseminar seminalmente por todas las esquinas de la ciudad.

De su obra ya tuvimos recientemente la suerte de contar con el conocido ya popularmente como El Resusitao del Templo Romano, un magnífico ejemplar de marmórea estatua humorística en impecable estilo remordimiento que representa a Claudio Parselo, el primer espabilao que dio pelotazo urbanístico en Córdoba, en pose de Cristo Emergente del Sepulcro con el simbolismo claro del ciclo vida y muerte del emprendeor local. Una arcangélica melenita y un característico bigote, en vez del corte a navaja que lleva, no le habría venido mal. También te lo digo.

En esta ocasión, sin embargo, el mañoso esculpidor se ha decantado por el bronce, o lo que quiera que sea esa cosa que se usa ahora para las estatuas, y que permite policromías y otras virguerías humorísticas que realzan el espíritu cachondo de lo representado.

Malas lenguas andaban comentando conspiradoramente por los alrededores de la inauguración, que la escultura es talmente una belmontada, que le ha fusilao el estilo a la competencia, o sea al autor de las mejores humoradas que ya hay en la ciudad. Mira, la cromía es calcada y hasta el careto de la cagante -le decía un criticón a otro- es talmente el de la cañilata o una de las aguaoras con veinte años más…

El detalle más inquietante es sin embargo lo aparatoso del título del diario que está leyendo, La Hojilla Parroquial como la conoce todo el mundo, pero cuyo nombre oficial es CÓRDOBA. Trabajadores de otros medios comentaban igual de sotto voce que había que tener mucho morro para regalar una escultura a la ciudad con el fin de obtener en terreno público una publicidad gratuita para toda la vida. Pues lo mismo que los colegios privados de curas que colocan esculturas de alguno de ellos delante para lo mismo. ¿No te jode? ¿Por qué los curas sí y los plumillas de la Hojilla no? Y además… se trata del medio en el que escriben más curas profesionales y amateur por página cuadrada del hemisferio norte después del Osservatore Romano. Bueno, también hay que decir que en eso de contar con curas en la plantilla ya le gana otro medio cordobés jovencísimo, este digital, LA COZ DE CÓRDOBA, escisión plumíllista del Acorazado AWC nacida en los aledaños de la Cuesta de la Traición.

Por cierto, que LA COZ es de los medios que más se han sentido molestos por esa astuta maniobra propagandística de la Hojilla Parroquial y una de sus más agudas y afiladas plumillas les ha mandado una -iba a decir sutil, pero en realidad el arremeto lleva la contundencia de una patá en tos los cojones- pulla en forma de subtitular. Velo ahí:

La muchacha ha llamado al decano de la prensa cordobesa ¡¡¡TABLOIDE!!! Una maldad como esa sólo puede nacer del rencor reconcentrado de un medio sacristanesco y pellizcomonjil como LA COZ. Como esa denominación puede usarse inocuamente cuando el medio al que se refiere usa determinado tamaño de página y no es el caso de la Hojilla, habrá que pasar a la siguiente acepción: Publicación sensacionalista y poco seria. ¡¡¡Cuánto odio, Dios mío, cuánto odio en el medio periodístico cordobés!!!

Me dice un amigo biempensante que el uso de término TABLOIDE en este caso no se debe a una voluntad de herir la sensibilidad de un medio de la competencia, sino de puro y simple niputaideísmo, que la muchacha se fumó la clase de la facul el día que explicaron eso de los formatos de los diarios. No sé yo, no sé yo…

Tropiezo camino del Bulevar con otro viejo amigo, de esos del colmillo retorcío, que viene echando espumarajos por la boca. Es delirante -me dice- y desde luego completamente sintomático del espíritu que reina en Salmorejistán, el que se construyera un templo a la creación artística contemporánea (fantasmagórico lógicamente) que costó una millonada y esa creación artística contemporánea brille por su absoluta ausencia en la vida pública, concretamente en la calle. El estilo remordimiento, el decimoonanismo costumbrista y el oscurantista barroco son lo único permitido en los espacio comunes de esta ciudad. Cualquier avance estético público se mira sistemáticamente por encima del palillo de dientes.

Como no hay nada que meter -continúa- ni nada que que crear en ese Centro de Creación Contemporánea, porque, como dicen los viejos sabios populares del lugar de donde no hay no se pué sacá, por eso van a trasladar allí la filmoteca de Andalucía, probablemente el único organismo cultural que tiene un sitio de lo más adecuado y que funciona con discreción pero con eficacia en Córdoba.

Pues más razón que un santo por más que sólo de pensarlo se le puede reventar el hígado a cualquiera y que este día feliz no es momento para amargarse.

Por último, varios senequistas (variante cordobesa de la malafollá granaína o la esaboriúra sevillana), que me encontré en la inauguración, de lo que rajaban y descosían costuras era del hecho de que ese periódico lo que celebra con esa humorística escultura (¡ay qué risa!) es el aniversario de que hace por estos días 75 años unos malnacidos tomaran por asalto y robaran la redacción de un periódico republicano y fusilasen a su director y a otro redactor. Y de que acogotasen a la plantilla que no se había significado demasiado en su ardor demócrata, echasen a la calle a la que sí y la sustituyesen por una panda de hijosdeputa con camisa azul y cangrejo en la pechera que estuvieron justificando un genocidio por cuarenta años. Algo de lo que nunca en ese periódico se ha hablado.

Desde luego hay que ser insonrrible para en un día tan emotivo y lleno de alegría como este de la inauguración de la estatua humorística de la MUJER CAGANDO MIENTRAS LEE LA HOJILLA PARROQUIAL ponerse a recordar esas cosas tan desagradables que sólo sirven para reabrir heridas y echar vinagre peleón en ellas…

domingo, 6 de noviembre de 2016

Distopía y lucha de clases

En 1998 aparecía un libro titulado “Vuelta al Edén. Más allá de la clonación en un mundo feliz” del biólogo estadounidense Lee M. Silver. En el corpus central de la obra desarrollaba científicamente las posibilidades reales de la clonación de seres humanos en el futuro. Pero como prólogo y como epílogo colocaba dos ficciones futuristas, complementarias al Mundo Feliz de Huxley, ubicadas en 2010, 2050, 2350 y 2997. Terroríficas, y a pesar de que, llegada y pasada la primera de esas fechas no se hubiera cumplido su profecía, no por imposibilidades técnicas, sino meramente legales, perfectamente posibles. La humanidad se acabaría dividiendo en dos grandes grupos, uno minoritario dueño de la riqueza, los “genricos”, una aristocracia genéticamente enriquecida y los “naturales”, o sea el mayoritario resto. En 650 años formarían dos especies diferenciadas incapaces de cruzarse entre sí.

Lee M. Silver carga esa evolución sobre los hombros de las posibilidades de los avances científicos para cambiar la vida de los humanos, principalmente los del ámbito biológico, porque en la fecha en que escribía aún no se podía augurar el futuro de la revolución de la tecnológica digital que estaba en ciernes, pero no contaba –él es un científico, no un sociólogo ni un historiador- con los factores de evolución histórica y cuyo estudio desde Marx tantos océanos de tinta ha acumulado.

Es lo que viene a completar Yuval Noah Harari, la inclusión de esa revolución tecnológica –biológica y ahora sí, digital- en la lucha de clases, motor de la historia según el marxismo más clásico. La democracia burguesa, los derechos individuales y el estado de bienestar no son más que estrategias del capital para conseguir domesticar a la clase obrera a la que necesitaba dócil y contenta con su suerte introduciéndola en la rueda productiva también como consumidores, evitando que las presiones reivindicativas rompieran el sistema y ganando de mano a las ansias de igualitarismo que el humanismo ilustrado reclamaba desde el siglo XVIII mediante una sofisticada simulación de reparto de la riqueza. Buenísima cosa por otra parte para todos: sobre todo para los de arriba, pero también para los de abajo a falta de otras expectativas prácticas para estos últimos, precisamente por aceptar las condiciones del juego.

Lo que nos cuenta Hariri ahora es algo a lo que ya estamos asistiendo. Otro ensayo de pseudoficción –porque realmente de lo que habla ya existe en cierto modo- “Telépolis” y los “Señores del Aire” de Javier Echeverría ya lo anunciaba hace algunos años. Los Señores ya no necesitan a las masas productivas, ni contentas ni descontentas, porque los anclajes geográficos no son ahora los estados nación sino las ciudades y países virtuales en los que todos trabajamos a tiempo completo consumiendo y los lazos personales entre explotadores y explotados están desapareciendo y tal como pasaba en las etapas previas al capitalismo, la economía (que sólo sirve realmente a unos pocos) funcionará perfectamente mientras en sus afueras miles de personas viven en la miseria. No ya en las periferias extraoccidentales subdesarrolladas, en las que es la norma desde siempre, sino en el centro mismo del imperio.

Sin duda los españoles que nacimos entre los años 50 y los 60 del siglo XX pertenecemos a las generaciones populares que más han disfrutado de la vida, y no sólo en lo material, en toda la historia, porque gozamos sobre todo de una amplísima pero vertigionosa perspectiva: ser conscientes de quiénes éramos, de dónde veníamos y qué habíamos conseguido en tan solo dos o tres décadas. Y la esperanza fundada en la experiencia guió nuestras vidas y cuando los de siempre nos la destrozaron a golpes –no hace tanto tiempo- ya éramos bien adultos. Parece que, desgraciadamente, ese título de privilegio no nos será arrebatado en muchos decenios o tal vez centurias. A nosotros, que viviremos 20, 30 o 40 años como mucho aún ya no nos podrán arrebatar nuestra vida -con su almendrita interior de la esperanza- pero es doloroso ver como se la arrebatarán antes de vivirla a los que vienen. El propio Hariri dice que, a pesar de formar parte de una evolución histórica sumamente previsible, no hay por qué caer en el determinismo de las leyes inexorables. Tal vez un milagro de la voluntad de los humanos consiga torcer el rumbo de lo que se avecina.

Los creyentes tienen la convicción de que seguirán la evolución desde alguna parte de la otra vida. Los ateos sabemos que no y a muchos visto lo que viene les parecerá un alivio, pero en mi caso y como deseaba también Buñuel, me conformaría con poder resucitar una vez cada diez años y echarle una ojeada a la prensa, si es que aún existiera semejante cosa.

domingo, 2 de octubre de 2016

La Vaticankultur cordobesa

Definitivamente esta ciudad –sus fuerzas políticas- se ha rendido con armas y bagajes a la clerigalla reaccionaria encabezada por el obispo más monstruosamente antiilustrado que ha ocupado la sede de Osio desde que el filonazi de Fray Albino –adaptador del Mein Kampf al catecismo escolar– entregara la cuchara.

Las fuerzas políticas cordobesas con mando en la plaza de la cultura carecen absolutamente de proyectos del ramo por el que cobran. Y absolutamente es eso, absolutamente, tanto en lo que se refiere a la revitalización de los amojamados heredados desde hace lustros como a la generación de otros nuevos y originales. Para comprobarlo, aparte de visitar las hemerotecas y los programas oficiales, sólo hay que mirarles con algo de penetración psicológica las caras. Quizás por ello, por su total carencia de criterios, competencia profesional o imaginación, van a colaborar entusiásticamente en lo primero que cualquiera de fuera les ha puesto ante sus miopes caretos de mediofondistas orgánicos: los fastos previos a la inauguración del Centro de Interpretación de la Mezquita (antes mezquita) que el obispado se ha construido en su propia casa y en la que se impartirá impune y obligatoriamente a todos los visitantes que vengan a la ciudad la doctrina interpretativa catequética que ha diseñado el cabildo para disolver en el ácido de la distorsión de la historia el ADN del monumento. Y que pretenden, y probablemente consigan, que se convierta en la única divulgada oficialmente.

El fin no es sólo imponer el discurso agresivamente íntegro-católico que acompañará a las explicaciones que se desplegarán en múltiples formatos en su interior, sino sobre todo afirmar su propiedad sobre el edificio y de paso la de todos los demás bienes inmobiliarios y urbanísticos que han conseguido inmatricular, acogiéndose a leyes emitidas por instancias gubernativas criminales como premio a su colaboración en el genocidio de disidentes del nacionalcatolicismo que en los últimos 50 años han perpetrado. Y con la aquiescencia real de las autoridades socialdemócratas, de origen o conversas.

La guinda del pastel lo pondrá el traslado de las taquillas del ordeño de turistas del Patio de los Naranjos al interior del palacio episcopal. Así evitan el penoso espectáculo de unos funcionarios vaticanos cruzando la calle portando las talegas llenas de billetes y monedas libres de impuestos.

Por supuesto la causa e intención principales de ese proyecto cultural no aparece por ningún sitio. De hecho el escudo del obispo está perfectamente camuflado entre 30 más, aunque el único logotipo que aparece en la portada del programa es claramente alusivo al palacio episcopal. Y han tenido que buscarse una bastante tonta: la no inauguración por ahora del Museo Diocesano, que formará parte del conjunto de módulos expositivos que convertirán el Palacio Episcopal en un potente emisor de doctrina católica reaccionaria con la excusa de la cultura y el turismo y que las autoridades laicas del ramo no tienen la más mínima intención de neutralizar, teniendo como tienen los medios suficientes.

Así el obispado, a través de su Museo Diocesano, ha sacado a la luz un proyecto cultural (el folleto está disponible por ahora sólo en su página web) que se desarrollará en 15 días por toda la ciudad con 91 actos entre turísticos, culturales, civiles y religiosos. CÓRDOBA PARA TI se llama el engendro. Y para llevarlo a cabo ha recabado –y ha obtenido obsequiosamente- la entregadísima colaboración de las instituciones laicas locales. El que buena parte de la sociedad civil haya acabado horrorizándose de la calaña del obispo y sus secuaces narcocofrades, que mediante sus ponzoñosas proclamas ha enturbiado las aguas de la convivencia ciudadana llamado asesinas a las mujeres que quieren administrar su maternidad, seres sin dignidad a quienes usan métodos anticonceptivos, bomba atómica a las políticas de normalización de género, encauzadores de sus hijos hacia la delincuencia a aquellos padres que no los adoctrinen en el catolicismo y que, en un ataque de delirio paranoide, llegó a acusar a la UNESCO de querer convertir en gay a la población mundial, no parece contar absolutamente nada. Deben de creer que con consentir que un atufado diputado del partido que domina todas esas instituciones denuncie al obispo por homófobo en una tramoyesca, pero absolutamente ineficaz, puesta en escena, están cumplidos.

Lo que ha venido a demostrar ese entreguismo de las instituciones públicas cordobesas son dos cosas: una que sus responsables cupulares son unos perfectos cobardes y otra que son unos perfectos incompetentes. Cobardía e incompetencia son las armas que adornan su escudo nobiliario. La cobardía está clara: los domina un miedo cerval al obispo. La incompetencia se demuestra porque no han sido capaces de organizar ellas por sí solas los eventos de los que ahora chupará rueda la carcunda episcopal y que son absolutamente irrelevantes presupuestariamente. Conferencias, paseos, visitas guiadas… Todo prácticamente gratis. Voluntariado turístico cultural y buena voluntad de conferenciantes y artistas. En una ciudad en la que a los generadores directos de cultura no se les paga casi nunca un euro porque todos (los euros) son filtrados para que no pase ni uno el nivel de los gestores políticos, era muy fácil montar lo mismo sin necesidad de tener que levantarse cagado de la cama de los curas. Otra cosa es que fuera decente, pero de eso ya están perfectamente curados desde siempre.

La lista de empresas privadas, sobre todo las de la manduca más o menos sofisticada, que es el único negocio cultural que parece menearse en la ciudad, que colaboran es apabullante y hacen bien en usar cualquier moqueta que les pongan para vender sus productos, que para eso están. Pero me ha llamado la atención el que entre los patrocinadores estén dos bancos y ninguno de ellos sea CAJASUR, la que fuera propiedad de los curas y arruinadora de la ciudad. Lagarto, lagarto…

En cambio, las delegaciones de cultura están todas, la de la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento de Córdoba, en manos todas de medrosos, medrantes o de católicos sumisos a la voz de su amo espiritual y han ordenado a los responsables de sus instancias inferiores: Filmoteca, Arqueológico, Bibliotecas, Universidad, Museos, etc. que colaboren igual de sumisamente que ellas en el proyecto de Entrega del Poder Cultural de la ciudad a las sotanas. Eso, desde luego -el que sólo son unos mandaos-, los exime de responsabilidad moral, pero espero que al menos sean conscientes del papel que les están haciendo jugar sus comisarios políticos y para qué están siendo usadas sus competencias y sus, casi siempre precarios, medios. Y por supuesto, las docenas de colaboradores voluntarios -entre los que cuento con buenos amigos- que llevarán a cabo los actos hacen muy requetebién aprovechando la ocasión para difundir sus conocimientos. Y hay que agradecerles su predisposición. Esto no va con ellos.

El acto de presentación del Engendro es toda una estampa neofeudal: Monseñor Demetrio, en el Patio de Armas de su casa-palacio recibiendo la pleitesía de los cargos políticos culturales de la ciudad, los socialmeapilistas de santa Rosa da Grima. Veremos sin duda a la eterna aspirante a papisa en el acto central de la movida: la Magna Eucaristía en la Mezquita (antes mezquita) seguida por la siniestra procesión de velas por el Patio de los Naranjos. ¡Viva Torquemada!

viernes, 23 de septiembre de 2016

Sigmund Floïd en Caspotovetonia

Dos por uno. Dos berrinches. Buscando en Google por un berrinche me encontré con otro. Poniendo el nombre de un tipo reaccionario que perpetra un par de artículos del más puro estilo casposo-carpetovetónico en una revista de feria de un pueblo me he encontrado con el nombre de su padre grabado en chapa en la esquina de una calle a la que nombra. Y no en el pueblo ese, sino en Córdoba. Usurpando el antiguo. Un nombre precioso, uno de los más hermosos de esta ciudad.

Efectivamente no me había enterado de que hace unos años unos vecinos habían solicitado a los munícipes que cambiaran el nombre tradicional de una calle por el de un médico que parece que tuvo consulta en ella. Y que habían accedido a las pretensiones de los vecinos. No es la primera vez que nuestros munícipes cambian sin ningún derecho nombres de calles que llevaban hasta setecientos años pasando de boca en boca de padres a hijos, redondos y pulidos como un bolo de río por el uso de tantas generaciones. Por el de curas, meapilas o seres imaginarios del panteón católico. En este caso parece que el merecimiento está garantizado. Leo en La Casa del Olivo, las memorias de Castilla del Pino, que fue un médico represaliado por las autoridades franquistas por rojo, que penó en la cárcel de Córdoba y que una vez libre volvió una y otra vez a la misma para atender a sus excompañeros presos. Que puso consulta en la Huerta de la Reina donde atendió a todo el que lo requirió, pudiese o no pagar, para irritación de muchos colegas suyos fascistas (pags 52-53).

El hermoso nombre de POLIFEMO, el cíclope mitológico que inmortalizara Góngora, llevaba rotulado en las esquinas de una calle de la Huerta de la Reina de Córdoba muchas decenas de años y ninguna de las probables virtudes que adornaran al médico que hoy lo usurpa valdría lo que el derecho de las gentes a que los nombres tradicionales de sus calles permanezcan inmutables. Algo que debería estar protegido por ley. Como las piedras de sus monumentos o sus patrimonios inmateriales, de los que sin duda forma parte. Y ahora se llama calle Joaquín Sama Naharro. Con la de calles nuevas que se abren en las urbanizaciones de la periferia...

Y he llegado a enterarme de ese atentado contra el patrimonio inmaterial de la ciudad buscando el nombre de otro Joaquín Sama Naharro que resultó ser su hijo (o su nieto, quién sabe). También médico. Psiquiatra. Pero que de ser cierta la biografía que me cuentan del padre, le salió rana. Y perpetrador de artículos de la más pura reacción nacionalcatólica en revistas de feria de pueblo. Concretamente de la de Villa de Río. Nada menos que dos artículos en el mismo ejemplar que me muestra un vecino de ese pueblo que se ha traído tras las fiestas. Uno rabiosamente antifeminista y otro bobaliconamente antiantitaurino. En el antifeminista, que ya publicó hace unos meses en un medio gallego se desliza por el tobogán de un uso del psicoanálisis de segundo de BUP, o sea el que podría haber utilizado un alumno de ese curso para un trabajo de clase usando copipega en el Rincón del Vago.

Las feministas que luchan por los derechos de las mujeres en diversos frentes cursan agresividad patológica por causa de RESENTIMIENTO por traumas sufridos en su infancia, de FRUSTRACIÓN por no ver reconocidas sus reivindicaciones por la masa social y se mueven exclusivamente por DESEO POR EL ÉXITO. Entre pedorro análisis y pedorro análisis aprovecha para pegar patadas a las espinillas de los políticos que adaptan sus acciones a las reivindicaciones, cada vez más masivas diga lo que diga, tendentes a la consecución de la igualdad entre los géneros y a los derechos a la libre elección de modalidad afectiva y sexual de los ciudadanos, y a reírse con ademán de roepalillos de barra de taberna del lenguaje inclusivo que se va poco a poco imponiendo socialmente.

Podría aducirse que el extremado simplismo que usa nuestro psiquiatra a la hora de analizar esos temas se explica por el tipo de lectores a los que está destinado: gente sencilla de un pueblo en fiestas. Sólo hay que dar una vuelta por su muro de facebook o, sobre todo, acudir a un descacharrante TEXTÍCULO que le han publicado en el último número del boletín oficial de la Muy Piadosa Hermandad y Cofradía de Médicos de Córdoba (página 28) sobre la identidad de género, para saber que no, que es que ese es su nivel. Que es que la criatura no da más de sí. Con calibrar la supina estupidez y soberana malnacidada de hermanar el feminismo con el nazismo que en él perpetra ya es suficiente.

Para el curioso que quiera conocer más sobre el pensamiento reaccionario del sujeto recomiendo esta furibunda defensa de la sanidad privada frente a la pública y universal. Sin desperdicio.

La columna antiantitaurina adolece de lo mismo: análisis pedorro-zicoanalítico de la Fiehta Nasioná digno de tertulia –mondadientes, fino y machorruno- bajo –y es probable que entre- historiadas cornamentas. Taleguilla de rojigualdismo rancio. Recamado de alamares filofranquistas. Los catalanes, después de intentar cargarse la sagrada lengua del imperio, se han cargado la Fiehta Nasioná. No por humanitarismo, considerar social y éticamente intolerable la tortura de un animal o incluso absurda la exposición de la vida de un ser humano por diversión, sino por puro antiespañolismo, por odio a la patria que supo seguir sobre el azul del mar el caminar del sol. Eso pa empezar. Luego lingotazo de Sigmund FLOÏD (la psicocolonia para hombres de los de antes): la catarsis del riesgo sorteado –o no- que supone para agonistas y espectadores la corrida.

Si se traspone su teoría del agonismo taurino a las ganas de mear el resultado es el mismo. Si se aguantan las ganas de mear hasta que el peligro de desparrame del dorado líquido por el pernil afilado del pantalón devenga un riesgo real de muerte de la compostura del hombre-hombre, el sorteo de ese riesgo llevado al límite tras sacarse por fin y artísticamente la churra y largar el dorado líquido sonoramente sobre el excusado, esa superación del miedo a la muerte de la dignidad, convierte a ese arte en sublime y, sobre todo, en sumamente saludable. Pónganse espectadores y tendremos una liberadora comunión catártica de las fortísimas tensiones de la vida. Palabra de zikiatra. De Jefe de Servicio, además, como el muy presuntuoso firma.

Qué, que igual el símil no es muy acertado… Pos sí, tenéis razón... Pero es que tenéis que compararlo con el argumentario del nota… Y qué queréis que os diga… Talmente el Argumento Tontológico de San Hodierno. Si don Carlos (Castilla del Pino) levantara la cabeza y pudiera comprobar que el vallejonajerismo contra el que tanto luchó en su vida sigue perfectamente vivo y además en la ciudad que él colocó en los mapas de las universidades europeas...

Lo más flipante del caso es la inclusión de semejantes perlas, no sólo reaccionarias, carpetovetónicas y perifranquistas, sino, sobre todo, fuera de tono en una revista municipal de la Feria de un pequeño pueblo gobernado por la izquierda. Dos artículos además. Sería interesante saber quién, cómo y por qué es el responsable de semejante inclusión. La mayoría la tiene una coalición entre PSOE e IU y la oposición el PP con camuflaje localista. Se supone que en una revista de esas características el tono ha de ser impepinablemente casposo-tradicionalista, pero si gobierna la izquierda debería cuidar que no fuera además casposo-franquista. Y no se trata, como podría aducirse de libertad de expresión en los medios locales. Parece que el nota no tiene na que ver con el pueblo y por otra parte si se estudia el índice de la revista no hay más artículos (y recuérdese que los que perpetra el zikiatra borroka son dos) de la misma índole político-social.

Lo que se espera de una revista de esa clase en un pueblo como Villa del Río, aparte de los saludas de rigor de las autoridades y el programa de los actos festivos, son trabajitos de los erudos locales sobre los alcanforados refajos de tirabordá de la Virgen, sobre el bandolero que cagó en el siglo XIX bajo el puente romano o una investigación sobre el dentista que le puso el diente de oro a la gloria local por antonomasia, el locutor franquista Matías Prats, o incluso, como hace el apulgarado cronista oficial del pueblo, aunar en un solo texto la exaltación de dos sublimes ranciedades como son la Legión y la Tuna, pero desde luego si las autoridades supuestamente de izquierdas y no menos supuestamente responsables de los contenidos de esa revista permiten la ruptura de la normalidad expositiva en la misma con la publicación de un par de discursos claramente incluíbles en el reaccionarismo político-social más repugnante de medios como Intereconomía, igual deberían hacérselo mirar..

A ver cuánto tardan en contratarlo como columnista los de LA COZ DE CÓRDOBA

miércoles, 6 de julio de 2016

Un adoquín dorado para el último alcalde republicano de Córdoba

Un pueblo al que su sistema de enseñanza o sus medios de comunicación han seguido escamoteando el sentido, los datos y las responsabilidades de un genocidio cometido con sus padres y abuelos tras el levantamiento del veto informativo que los criminales que lo perpetraron impusieron como su consecuencia durante los años en que gobernaron y saquearon el país a punta de fusil, es un pueblo involuntariamente desalmado. Un pueblo al que se le ha extirpado el alma. Es así, sin alma, como la mayoría de ese pueblo puede sobrellevar sin conciencia el hecho de que ese país al que pertenece, incluido en el cogollito más civilizado del mundo civilizado, ostente las dos infames medallas que lo colocan por encima de los demás en el podio de los sistemas estatales infames: la de plata correspondiente al SEGUNDO PUESTO MUNDIAL en el ranquin de países con mayor número de desparecidos tras Camboya y la de oro como PRIMERO entre los que menos esfuerzo han realizado para que se haga justicia con ellas, tanto en el campo de la restitución de cuerpos a sus familiares como en el de depuración de responsabilidades entre quienes hasta hace muy poco han ostentado cargos políticos e institucionales habiendo sido cómplices del genocidio.

Las causas de este terrible fenómeno ya han sido analizadas por medios diversos, desde libros, a artículos, desde películas a poemas… Y van desde los esfuerzos titánicos por parte de las fuerzas imperialistas europeas y americanas, representadas por la OTAN, por mantener un bastión estratégico tan importante como la península Ibérica, renunciando a vencer a los últimos fascismos europeos, el español y el portugués, poniéndolos a su servicio como policías antiveleidades contratados para evitar sustos revolucionarios como -por ejemplo- los que estuvieron a punto de proporcionarles los iraníes y los italianos en los 50, hasta el establecimiento del país como pista de aterrizaje del capitalismo expansivo comunitario, alemán especialmente, en los 80, mediante la alquimia de convertir al franquismo en demócrata de toda la vida y casarlo con una socialdemocracia prostituta que casualmente pasaba por allí. Pasando por la propia predisposición de los restos del pueblo español -resistente y sobreviviente del franquismo- a la sumisión por falta de cimientos cívicos y democráticos reales. Tras la larga noche de la brutal dictadura, esa entrega se vio acelerada por la contundencia de la artillería keynesiana, que ya había sido ensayada con todo éxito a finales de los 60 en Francia y que acabaría entregando hasta el último bastión resistente al nuevo –y lógico- avatar del Señor: el ultraliberalismo. Con la caída de la irreductible aldea de los mineros de Gales, tras el brutal cerco tatcheriano, se perdió la última esperanza. La falsa clase media, esa clase obrera de las ciudades embelesada –y alienada- por la opulencia prestada, fue su mejor aliada. Desde Helsinki a Tesalónica. Y en España cursó –como condición indispensable- con el olvido de las víctimas del franquismo.

Pero, como afirma el profesor Casanova, España perdió además las tres décadas fundamentales en las que se consolidó la democracia formal en Europa y varias generaciones quedaron fuera del disfrute de los bienes sociales, educativos, culturales y políticos de que disfrutaron las demás y, sobre todo, no se ejercitaron en el juego de responsabilidades sociales y políticas que crearon en los demás estados sociedades maduras. Todas esas carencias explican los déficit democráticos españoles de hoy y desde luego, la corrupción enquistada en las instituciones y a la que la sociedad parece no querer combatir porque la considera natural, parte de su propia idiosincrasia. Es por ello que la tarea de regeneración social y política en España se presenta como una tarea titánica con escasas posibilidades de éxito. Y por eso una de las pocas luchas en las que de verdad merece la pena brearse porque tiene posibilidades de conseguir frutos reales y tangibles, es la lucha contra el olvido de las víctimas del franquismo, la continua rememoración del genocidio de republicanos llevado a cabo por las fuerzas del nacionalcatolicismo, el único régimen fascista europeo –junto con el portugués- que no fue vencido por las democracias y cuyos crímenes continúan impunes.

La reivindicación de la justicia memorística se alza así como el arma más potente para evitar que el fascismo español, el nacionalcatolicismo, siga con la cara lavada por el tiempo, la débil conciencia popular o el interés de los herederos de los instauradores. Luchar para que se eliminen de las calles y las plazas y de los libros municipales los honores concedidos a lo largo de la larga dictadura a la canalla que la fundó o la mantuvo debe ser percibido como un ejercicio de higiene democrática. Contrarrestar la literatura revisionista y justificatoria del fascismo con otra disciplinariamente contrastada, una necesidad social. Homenajear a sus víctimas, devolverles la dignidad arrebatada, un ejercicio de mera justicia. Las nuevas generaciones no deben ser educadas en el olvido de las víctimas ni en la justificación de los victimarios para que al menos no sumen a sus carencias democráticas la manipulación de la historia del país en el que viven ni se conviertan en cómplices de una tremenda injusticia histórica.

En Córdoba a lo largo de los 30 años de gobiernos municipales nominalmente de izquierdas se dieron importantes pasos en la higienización de los espacios públicos con la retirada de las más visibles simbologías enaltecedoras franquistas. Pero aquella tarea que comenzó fuerte en los primeros años de gobierno municipal izquierdista fue diluyéndose poco a poco por la falta de voluntad de unos epígonos claramente volcados en sus propias carreras mediante la coyunda antinatura con las fuerzas más reaccionarias de la ciudad, que exigieron el cese del proceso de higienización y reclamaron incluso intervenir en las decisiones de concesión de honores municipales. Sólo así se explica que nombres de calles a conspicuos fascistas dedicadas, entre ellas la que pasa por principal de la ciudad, la Cruz Conde, nombre que corresponde al organizador de la trama civil local del golpe de estado devenido genocidio, pervivan hasta hoy mismo. O el de un ministro franquista, conde de Vallellano, que nombra la principal avenida de acceso a la ciudad por el sur. O que una enorme placa ensalzadora de un verdadero monstruo criminal, el general Varela, se retirara hace sólo cinco años. O que –ya en época constitucional- se levantaran estatuas a nada menos que cinco curas y un locutor franquista en la ciudad y ninguna a ningún demócrata o resistente a la dictadura. O que a un individuo detentador y propagador de ideología nazi y justificador de los fusilamientos de republicanos como el obispo Fray Albino se le dedicara toda una Avenida. O que un criminal de guerra como Cañero de nombre aún a todo un barrio y a una plaza…

Mientras, costó dios y ayuda que se homenajease con un muro en los cementerios a los miles de fusilados y enterrados en sus fosas. No hace ni diez años. Y el colmo de la desvergüenza fue que los familiares de un diputado socialista enterrado en una de ellas denunciaran en los tribunales a la alcaldesa excomunista por negarse a cumplir la Ley de Memoria Histórica y permitir buscar sus restos.

El último alcalde de la ciudad, el socialista Manuel Sánchez Badajoz, fue perseguido y cazado por falangistas, correligionarios de los Cruz Conde, como una alimaña en el campo donde se refugió y fusilado sin más. La vergüenza de todas las corporaciones municipales desde la Transición hasta ahora es que a ninguna se le haya ocurrido poner una simple placa en la puerta del Ayuntamiento en su memoria, aunque fuera sólo por contrarrestar el aparato enaltecedor de sus asesinos que aún pervive en la ciudad. Sólo hace unos años se le concedió nombrar un lóbrego callejón de Cercadillas. El triste, solitario y oportunista gesto de la nueva alcaldesa, del partido que usurpa el nombre de aquel en el que militó el alcalde mártir, de llevar unas flores a su tumba nada más tomar posesión, habla de la profunda hipocresía en la que están instalados sus sedicentes herederos políticos. Por el contrario hace unos días la misma corporación aceptaba la colocación en pleno centro de la ciudad de un aparatoso monumento a un empresario del siglo XIX, donado por una empresa con fines claramente publicitarios. Está claro quién sigue imponiendo la dirección de las acciones honoríficas en esta triste ciudad.

Por eso me ha llenado de alegría la noticia de que en Pamplona la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra ha decidido imitar las acciones emprendidas en Alemania y otros lugares de Europa por asociaciones que han secundado la idea de un artista alemán que decidió homenajear por su cuenta a las víctimas del nazismo recordando al mayor número de ellas mediante el sistema de colocar un adoquín dorado con los datos de cada una de ellas en el último lugar donde hubiera residido o trabajado. Resulta emocionante –y tremendamente didáctico- tropezar (stolpersteine el nombre que el artista le dio en alemán significa eso, piedra caminera con la que se tropieza) con esas pequeñas y brillantes marcas por las calles de tantas ciudades alemanas, austriacas, italianas y polacas marcando el lugar donde vivió una víctima de la barbarie política fascista. En este documental se explica preciosamente.

En Pamplona han comenzado a ponerlas primeramente en una calle, la calle Merced, en la que 17 personas fueron sacadas de sus casas y nunca regresaron con vida. La idea es seguir colocándolas en otras calles y en otros pueblos, allí donde se requiera y se compruebe que vivieron víctimas del fascismo. A la vista de la absoluta falta de voluntad de absolutamente todas las fuerzas políticas mayoritarias de este país por cumplir con esa obligación, han de ser los propios ciudadanos los que lo hagan. Por lo que leo están empezando a aceptar ayudas públicas. Yo creo que es un error. Con sólo el permiso municipal para emprender la acción de colocación de los adoquines debería ser suficiente. Los políticos acabarían fagocitando unas acciones que vergonzosamente nunca se emplearon en realizar.

No sé cuál será el alcance final de esas acciones tanto en Navarra como en el resto del estado. Pero en Córdoba se podría iniciar ya una campaña para hacer lo mismo en toda la ciudad. Y para empezar constituiría un gran acto de justicia, de la universal, colocar uno de ellos ante la puerta del Ayuntamiento, ahora que precisamente van a levantar todo el suelo de la calle Capitulares para convertirla en una plaza peatonal. Ese primer adoquín dorado llevaría el nombre del último alcalde democráticamente elegido en un régimen legítimo antes de la instauración de la ilegítima II Restauración Borbónica, Manuel Sánchez Badajoz, y la fecha de su fusilamiento por los nacionalcatólicos cordobeses.

miércoles, 29 de junio de 2016

Nueva figurita para el belén caspocutre cordobés

Era justo lo que Córdoba necesitaba y demandaba en estos históricos y dramáticos momentos prehecatómbicos, un nuevo bibelot estatuario. Una nueva figurita del belén callejero caspocutre cordobés. Después de haber llenado la ciudad de estatuas de curas, de apulgarados paleocordobeses, de resucitados romanos, le toca ahora el turno a los flamígeros bigotazos de los próceres empresarios locales de siglo XIX. A Don Carlos Carbonell y Morand, que ni siquiera fue el fundador de la fábrica que lleva su nombre, y de cuyos posibles méritos para que se le levantara estatua nadie dudaría... si se le hubiera ereccionado hace 100 ó 75 años. Como se hizo en su momento en Málaga con el inventor de la ginebra de nuestros primeros cubatas y que acabaría justicieramente en el fondo de mar por un tiempo sustituido por el monumento al trabajo de los obreros que lo hicieron rico.

El hecho de que se le levante estatua ahora, en el siglo XXI, a semejante prócer local muerto hace 100 años tiene como razón de ser el interés de una empresa privada de contar con un magnífico anuncio publicitario en pleno centro de la ciudad y mantenido por el Excelentísimo Ayuntamiento aprovechando aniversario redondo. Algo parecido a los anuncios-estatuas de curas en las puertas de los colegios privados que se han venido colocando en los últimos años. Y al esfuerzo de alguno de esos emprendeores locales que lo único que emprenden de verdad son campañas para levantar estatuas a alcaldes fascistas o a rejoneadores asesinos.

Desde luego no ha habido que encargar la escultura, un busto de bigotón sobre peanaca, porque el muñeco ya existía desde hace eso, 100 años, y lucía su porte empresarial a la entrada de la propia fábrica de Carbonell. Al menos no se trata de obra de estilo remordimiento, aunque el hecho estético y moral de levantarla ahora sí que pertenece al estilo cordobés por antonomasia. Y desde luego es obra de mérito, ya que su factura se debe a Mateo Inurria. Lo suyo, si la empresa quería donarla a la ciudad, es que hubiera acabado en el Museo de Bellas Artes, junto a otras del mismo autor.

Hay que volver a recordar a ver si a algún miembro presente y pasado responsable de los honores cívicos de nuestro ayuntamiento se le cae por fin la cara de vergüenza que el último alcalde republicano de la ciudad, el socialista Sánchez Badajoz, perseguido como un perro por los falangistas cordobeses y dado por fin caza, fue fusilado por defender la democracia y no cuenta ni con una miserable plaquita de recordatorio de su pasión y muerte y sus causas, no ya en la puerta misma del consistorio, el lugar ideal, sino incluso en alguna pequeña dependencia del templo cívico por antonomasia. Los herederos de los que lo fusilaron, herederos de bienes y de ideas, siguen siendo los amos de la ciudad, esos que deciden qué se homenajea y qué no, a quién se le levanta la estatua y a quién no.

viernes, 29 de abril de 2016

La peste bufónica

Como cada sábado la epidemia de peste bufónica regresa a Córdoba. Sé que se trata de una endemia que asuela a muchos otros lugares de la geografía española, pero está por hacer un estudio en profundidad acerca de cuáles de ellos la sufren más que los otros y por qué. Parece ser que los elementos patógenos invasores prefieren para sus contaminaciones las ciudades que suelen aparecer en las revistas de viajes como dignas de ser visitadas, principalmente por el hecho de contar con importantes conjuntos histórico-monumentales y con cascos históricos bien conservados, evitando cuidadosamente aquellas que no cuentan con especial interés debido precisamente a su carencia de aquellos elementos.

Es esa preferencia de ataque a los tejidos urbanos a ese tipo de ciudades lo que las hace especialmente malévolas o perversas, toda vez que los agentes patógenos que los provocan son especialmente refractarios, por sus propias características intelectuales, a alimentarse de los productos que en ellas se ofertan: historia, belleza monumental, ambiente mágico, cultura, etc. Es por ello que cabe pensar que el fin último de la epidemia es precisamente la voluntad de distorsión de todos esos encantos que esas ciudades ofertan como productos de consumo turístico catalogados como de género cultural, mediante la inclusión de elementos estridentes sonoros y visuales altamente contaminantes que disturban gravemente el disfrute que tratan de obtener los turistas y el normal desenvolvimiento de los nativos por su propia ciudad.

Efectivamente, la invasión cada fin de semana del año de varias docenas de grupos de variado tamaño de tarados y taradas mentales, que celebran sus despedidas de solteros y solteras haciendo el bufón de la manera más cretina posible por las ciudades turísticas de toda España, empieza a convertirse en un verdadero problema de higiene convivencial que está poniendo cada vez más al límite la paciencia de los ciudadanos y turistas que las sufren sin tener por qué. Especialmente en los cascos antiguos de esas ciudades y más aún en los de las ciudades de tamaño pequeño o medio en los que resulta difícil sustraerse al horror de su presencia.

Estar tranquilamente tomando una cerveza sabatina con los amigos en el marcazo incomparable de la plaza de la Corredera o del paseo de la Ribera y que aparezcan finde tras finde tras finde tras finde por el Arco Alto o por la Cruz del Rastro, una tras otra y sin aparente acabamiento, comparsa tras comparsa de chicas uniformadas con elementos comunes que van desde unas orejas descomunales de Micky Mouse hasta unos ridículos sombreritos mejicanos pasando por diademas coronadas por reproducciones de la polla de Nacho Vidal o procesiones de tíos con la misma camiseta alusiva a lo tonto que es el condenado a la boda a quien, travestido de mamarracha o de caballo-mesa de enagüilla, arrastran embromado los colegas, puede acabar con la paciencia del más pacífico de los ciudadanos. Y en casos de acabamiento de paciencia agudos incluso inculcarle un deseo extremo de perpetrar un necesario genocidio de tontos del culo. Porque además todas esas gilipollescas performances no las perpetran en un prudente y recatado silencio sino acompañadas por una insoportable barahúnda de vuvucelas de destrucción auricular masiva, estridentes altoparlantes o simples desgañitamientos a grito pelado de pareados con rima en olla y en oño.

Soy consciente de que con este post me meto en un jardín mu menúo en el que algunos de mis lúcidos amigos o incluso mi propia conciencia de clase y mi filosofía sociopolítica pueden reprocharme escasa profundidad de análisis de fenómenos mu complejísimos en los que obvio los planos de representación, los condicionamientos socioculturales de clase y la brutal presión de los medios del sistema sobre las clases populares y que la merecida reprimenda de Owens Jones y otros castigos de la autocrítica pueden caer sobre mí como merecidas lluvias de palos. Teniendo en cuenta que prácticamente la totalidad de los miembros de esas comparsas pertenecen a la clase trabajadora y que los jóvenes de las clases altas deben celebrarlo en paraísos mucho más lejanos, cerca de donde sus padres esconden el dinero que nos roban.

Pero es que estoy mu hasta la polla. ¡Joer! Yo sé que muchos pequeños hoteles y backpackers del barrio hacen su agosto anual con ellos y que algún que otro flamenquín ya se meten entre pecho y espalda y que compran sus litronas en las bodeguillas, pero es que después de darme bien por culo a la hora de las birras es que tengo que aguantar sus putas babas gritonas durante toa la madrugá del sábado debajo de mi balcón. ¡Coño! Que han elegido mi calle, la calle La Feria, como carrera oficial de sus putas procesiones de la mierda esa de despedirse colectivamente de algo de lo que yo nunca me despedí porque nunca le concedí al estado el derecho a sancionar con quién vivo o con quien dejo de vivir, algo que a él no le incumbe ni le importa, de igual modo que no le importa cuál es mi naturaleza íntima o social, ya que, en principio, ni siquiera me deja decidir con las garantías suficientes su propia naturaleza, que esa a mí sí que me afecta.

Pero es que además me parece absolutamente delirante la representación que de las relaciones intergenéricas proporciona ese tipo de celebraciones, en el muy entrado ya siglo XXI. Esa separación a lo bestia, sin paliativos, de los roles, que apunta, bajo una apariencia de igualdad en el derecho a la celebración ritual del tránsito, pero que se organiza por estricta separación de género, al mantenimiento contra todos los pronósticos ilustrados de los más arcaicos de los simbolismos machistas y patriarcales.

Concretando… Independientemente de lo que opine del fenómeno intrínsecamente tomado, me parece mu malísimamente mal que sólo un puñado de ciudades más o menos patrimonio de la Humanidad o de la Localidad disfruten de la experiencia tóxico-antropológica de verse invadidas cada fin de semana por hordas de gilipollas despedidores de solteros y solteras y que debería instaurarse -ya que parece que su número es infinito- un sistema de cuotas de reparto proporcional entre todas las ciudades de este país. Que los ciudadanos, verbigracia, de Albacete, Linares o Ciudad Real tengan también la oportunidad de contemplar en vivo y en directo la estupidez generalizada en que se rebozan findesemanalmente buena parte de sus congéneres y compatriotas. Sobre todo porque ellas nos envían también cada sábado a sus gilipollas sin que nosotros podamos ejercer la correspondencia.

Yo ya a estas alturas no creo en la posibilidad de regeneración alguna de la civilización occidental, ni de ninguna otra. Sólo en que la única solución pasa por una buena extinción de la especie. Como la de los dinosaurios.

jueves, 28 de abril de 2016

Libro sobre el barrio de Cañero



LA BARRIADA DE CAÑERO

Federico Abad

Ed. UTOPÍA

Córdoba, marzo 2016

Durante muchos años he tenido que explicar a mucha gente, entre amigos y conocidos de fuera, el misterio del voto municipal cordobés durante los años de la Transición. Ese casi inexplicable misterio de cómo de una ciudad de composición demográfica y estatus socioeconómico más o menos idénticos a otras de Andalucía o de comunidades limítrofes salió un ayuntamiento de mayoría comunista. La teoría más aceptada lo basa en la arrolladora personalidad de Julio Anguita, el Califa Rojo, que fuera el primer alcalde elegido democráticamente después de 43 años de alcaldes franquistas. Pero sin regatearle un ápice de mérito tanto a la poderosa personalidad como al carisma de don Julio, es difícil de entender que en el poco tiempo y con los pocos medios que tuvo para darlos a conocer hubiera alcanzado tal éxito sin el decisivo concurso de otros factores no menos importantes.

Me estoy refiriendo al poder de unir voluntades y lucha que unas organizaciones vecinales alcanzaron en esta ciudad en los años bisagra de la Transición. Más que en otras ciudades porque se dieron circunstancias especiales. La principal de ellas la creación de un par de barriadas obreras en los años 50, Fray Albino y Cañero, promovidas por una asociación benéfica dependiente del obispado (La Sagrada Familia) con el fin de solucionar la desgarradora situación de miles y miles de familias que vivían hacinadas en los patios (esos que ahora sirven como reclamo para vender flamenquines a los turistas desvinculados de su historia y de su significado social) o en los chozos y chabolas del extrarradio.

Fue el proyecto de un obispo, Fray Albino, y un cura, Juan Font, que habían colaborado con el genocidio nacionalcatólico de republicanos y compartían con el ejército victorioso, los caciques y el entramado civil fascista, la responsabilidad de la miseria en que se hallaba la mayoría de la población de la ciudad. Absolviéndolos de sus crímenes tras haberlos jaleado mientras los cometían. ¿Buscaban su redención? No creo, porque nunca se arrepintieron y siempre creyeron que habían hecho lo correcto. Se trató más bien de un acto de caridad profesional. Que, eso sí, no todos sus colegas acometieron, ni por supuesto llevaron tan lejos. Porque la construcción de 5.000 viviendas modestas, pero dignas, solucionaron el problema de 5.000 familias trabajadoras que vivían en condiciones extremas.

Entregadas en régimen de alquiler social, el ayuntamiento se inhibió de su compromiso de asfaltar las calles y tardó años en instalar el alumbrado, y pronto los derrumbamientos de muros y hundimientos de tejados, fruto de la mala calidad de los materiales usados en su construcción, llevaron a los vecinos a solicitar a propietaria, La Sagrada Familia, o el arreglo de los desperfectos a el acceso a la propiedad para subsanarlos ellos mismos. De esas reclamaciones surgió la necesidad de organización vecinal y en 1963 se crea la primera Asociación de Vecinos del estado español. Esa asociación originada en la barriada de Cañero, tutelada en principio por las autoridades franquistas que no se debían fiar de ese nuevo producto, pronto se reveló como un potente arma de lucha popular que no se quedaba sólo en las metas básicas para las que se fundó sino que amplió su campo de acción a la resistencia frente al propio régimen franquista y acabó contagiando a otros barrios que crearon sus propias asociaciones. Caso del barrio hermano Fray Albino y Electro Mecánicas. Su fuerza residió en un principio en la propia conciencia de clase, pero también en el hecho de contar con el escudo de la Iglesia por la mayoritaria adscripción de sus fundadores a la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) que comenzaba a desvincularse de su pasado reaccionario y a reaccionar a la contra de su propio origen: de su vientre saldrían la inmensa mayoría de los cuadros sindicales y políticos de izquierdas de la Transición. En el caso de la Asociación de Cañero, si las primeras hornadas de directivos fueron cristianos de base, la Sección Juvenil surgida a principios de los 70 ya estaba infiltrada por el Partido Comunista.

Es esa circunstancia surgida en una barriada obrera de nueva creación de la periferia cordobesa la que hizo que, una vez generalizado por todo el entramado asociativo vecinal su espíritu, convirtiera a Córdoba en el bastión más importante del Partido Comunista en el estado español capaz de hacer ganar a su candidato las primeras elecciones municipales tras la muerte del Sapo Iscariote.

De todo eso y de muchísimas cosas más habla un libro recién aparecido. In extenso et In intenso.

La Barriada de Cañero de Federico Abad supone, como se dice en su contraportada y no tenemos por qué dudar de su exactitud, el estudio más extenso y más intenso que sobre un barrio del estado español se haya publicado nunca. Un trabajo minucioso y eficaz que se mueve en un amplísimo abanico de campos desde los que aborda el estudio de su historia, su demografía, su idiosincrasia, su economía, su sociología, su vida cotidiana pasada y presente, su tipología arquitectónica e incluso su espíritu. Precedido por un estudio de la historia de las concepciones y materializaciones de las viviendas sociales desde comienzos del siglo XIX, en él encontramos inmediatamente después contada minuciosamente la gestación de la idea y su puesta en práctica con las biografías de sus protagonistas y los enfrentamientos entre los distintos poderes del franquismo con intereses contrapuestos, las modificaciones a la planificación original y el proceso de entrega de las casa una vez terminadas. Todo ello acompañado por una apabullante batería de datos y cifras. Y con fotos, muchas fotos. Y en algunas hasta salgo yo de chinorri. Y planos. Y estadísticas.

Pero para mi la parte más interesante del libro es la que se ocupa de los primeros años de la década del 60 cuando se funda la Asociación de Vecinos del barrio, en cuya gestación jugó un papel importante mi propio padre. Y la evolución de la misma desde posturas reformistas de índole cristiana de esos primeros fundadores amparadas por una parte de la Iglesia que decidió por aquellos años abrirse al mundo y asumir ciertos presupuestos del movimiento obrero de lucha, hasta la radicalización en un movimiento de clara adscripción marxista del sector juvenil y su voluntad de extender su influencia por toda la ciudad a través de las otras asociaciones vecinales de los demás barrios. Sólo hay que comprobar la significativa presencia de miembros de aquella asociación juvenil de Cañero en el primer gobierno municipal de Julio Anguita para comprender su importancia.

El libro se completa con multitud de informaciones más de la índole más variada: desde el tipo de comercios originales que se instalaron hasta su evolución actual, los colegios, o los accesos a o desde el resto de la ciudad con propuestas incluso de mejora para el futuro.

Un trabajo imprescindible para todos aquellos que tengan relación con el barrio de Cañero. Y desde luego para todos los interesados en conocer la historia de la ciudad de Córdoba a partir del final de la Guerra Civil y el Holocausto Republicano que trajo consigo la Revolución Nacionalcatólica Española.

Editado por la editorial Eutopía que tiene su tienda en el Realejo, pero presente en todas las demás librerías de la ciudad.

martes, 19 de abril de 2016

La venganza del cura Castillejo

Muchos amigos míos (me) y muchos enemigos (se) preguntan la causa por la que le tenía tanta tirria al finado Castillejo, el Orondo Cura Banquero que acaba de diñarla tranquilamente en su cama, después de haber convertido Córdoba en una infecta charca de caimanes en la que, desde un alto privilegiado y sólo para verlos saltar cómicamente y alimentar su incomensurable ego, él ejercía de domador arrojándoles los trozos de carne que ellos mismos le confiaron para que la administrase para el bien común. Y que hundió por ese método la propia charca llevándose además como premio –alguien que tenía hecho voto de pobreza– una póliza millonaria (en euros) que salió de los ahorros de los cordobeses y que heredarán sus hermanas, mientras nosotros heredamos la ruina.

El avispado lector podrá pensar que la anterior exposición, dado su incitador despliegue, incluye ya la propia respuesta. Pero erraría de medio a medio porque el origen de mi inquina y aborrecimiento hunden sus raícen en acontecimientos muy anteriores a las hazañas del Monseñor como adiestrador de reptiles y sobre todo la hunden profundamente en avatares de mi propia biografía que la marcaron indeleblemente.

Habéis de saber, queridos curiosos, que Monseñor me infirió, siendo profesor mío, una terrible humillación: me aprobó por la cara. Pero no por una gracia especial, ni por pena, ni por enchufe: sino como venganza y con declarado afán de demoler los cimientos éticos de mi joven personalidad. Bueno, de los míos y de cincuenta compañeros de clase más. No sé si los otros cuarentainueve restantes lo llevarían el resto de sus vidas tan mal como yo, pero tampoco he hecho por averiguarlo.

Y ahora que Monsignore ha entregado la cuchara y que ya no tiene sentido guardar el secreto aquí está el tío dispuesto a diseccionar el origen del odio asiático que llegué a sentir por él por más de cuarenta años.

Estamos en octubre de 1975 y al Sapo Iscariote le quedaba menos de un mes para entregar la suya de una putísima vez. En segundo de carrera de Geografía e Historia. Hacía poco, nada más comenzado, que los alumnos de ese curso nos llevamos la delirante sorpresa de que nuestro profesor de Filosofía ¡¡¡era un cura!!! No es que hasta entonces tuviéramos mucho que esperar de la índole del profesorado después de un primer curso en el que, aparte de un magnífico ejemplar, todos los demás eran desechos de tienta de los departamentos de Sevilla. Pero… ¡¡¡un cura!!! Aquello era demasiado.

Hay que tener en cuenta que la ebullición revolucionaria estaba en su apogeo y que raro era el universitario que no andaba en alguna célula clandestina más o menos marxista en sus diferentes franquicias, troskista, leninista o maoísta, y que estábamos convencidos de que en menos de un año alcanzaríamos el paraíso socialista prometido. La desconfianza, pues, –perfectamente lógica-, ante la pertinencia de un profesor de filosofía que militaba precisamente en la Organización Reaccionaria por antonomasia, la Iglesia Católica, se convirtió pronto en horror cuando comenzaron las clases y descubrimos que estábamos ante un escolástico de manual: el canónigo penitenciario de la Catedral don Miguel Castillejo Gorráiz pretendía inculcarnos el tomismo y el lomismo que se venía tradicionalmente enseñando en la era nacionalcatólica. Eso sí, la inoculación tenía que hacerla a cierta distancia, al menos a partir de la tercera fila de asientos del aula en la que se empezaban a colocarse los y las más valientes con la esperanza, a veces vana, de que no llegaran hasta ella los perdigonazos de saliva portadores de las contundentes dosis de la Summa Theologiae que el cura nos lanzaba. Hubo quién llegó a proponer sacar paraguas en las clases para que se diera por aludido.

Pero las broncas por los contenidos estrictamente docentes comenzaron pronto y el semidigerido argumentario marxista mamado en decenas de supermanoseados libros que, levantada por entonces ya prácticamente la censura, comenzaron a rular fundamentalmente en fotocopias, nos proporcionaban a su vez la munición con la que devolver los ataques de fuego graneado salival con que nos torturaba el predicaprofe.

A lo largo de un par de clases el cura se mostró comprensivo con el debate –más bien juego del tiro argumental al tomista- de la agreste grey universitaria, pero comprendiendo que el debate espiral le impediría dar las clases lo cortó autoritariamente de raíz.

No era otra cosa la que esperábamos. La clase casi en pleno se levantó y salió disciplinadamente del aula. Sólo se quedaron cinco o seis compañeros. En posterior asamblea se decidió trasladar nuestra repulsa por el acto autoritario al profesor y exigirle que convirtiera la clase de filosofía en un foro de debate sobre la misma. El primer acto de nuestra revolucionaria concepción de lo que había de ser la universidad, un organismo antiautoritario, horizontal y autogestionario, se lo comió don Miguel.

Perplejo por lo que le estaba ocurriendo el cura no cedió ni un milímetro, con lo que se pasó todo el curso dando clases a los escasos compañeros que ejercieron su libertad de asistencia. Los demás tampoco es que echáramos de menos la materia que nos podía proporcionar el profesor, toda vez que, después de sufrir el espantoso elenco profesoral (con sólo una excepción) del primer curso, los más espabilaos intelectualmente ya habíamos decidido desertar de las aulas y dedicar el tiempo al estudio autogestionado, tras descubrir la estafa intelectual que suponía la institución y fiar el éxito en los exámenes en nuestras propias capacidades investigatorias. Por el contrario los más espabilaos trepadoramente fiaron su medro en el culebreo por los departamentos y el vasallaje feudal. Los primeros quedamos fuera en mayor o menor grado del sistema y algunos de los segundos siguen aún hoy, a pocos años de jubilarse, aferrados como garrapatas al cuerpo de lo que alguien llamó con feliz intuición La Banalidad Institucionalizada, chupando la insustancial, pero muy nutricia desde el punto de vista tautológico, sangre del organismo.

Pero claro, si por parte de los demás profesores, que no habían sufrido conflicto, la ausencia de público en sus clases, algo normal por entonces y sucedido progresivamente, no cabía esperar venganza alguna, de la cólera de todo un canónigo desde luego que sí. Pero por las noticias que nos llegaban don Miguel se había instalado, más que en la ira que cabría esperarse, en una dolorida perplejidad: no podía creer lo que le había pasado, haber sido despreciado por una panda de mocosos sin que el cielo se hubiese desplomado sobre ellos. Desde luego, eso con Franco (que sólo levaba unas semanas muerto) no pasaba, debió pensar el canónigo penitenciario de la Santa Catedral. Así que su venganza fue sibilina, jesuítica y algunos seguimos sufriéndola 40 años después. Descubrimos entonces lo que significaba ese cargo que ostentaba en la Santa Catedral, canónigo penitenciario, es decir especialista en imponer penitencias. Porque lo que hizo cuando una comisión fue a recabarle información sobre la naturaleza de los exámenes que habríamos de pasar para superar la asignatura fue comunicarle que la vergüenza y la ignominia caerían sobre nosotros para toda la eternidad en forma del aprobado general encubierto que pensaba propinarle a todo el curso. Y como no lo podía hacer legalmente nos ofertó una triquiñuela: diría las preguntas del examen tres días antes del examen, nos dejaría llevar al mismo todos los apuntes o libros que quisiéramos y pondría como vigilante a uno de nosotros. Fuera como fuera, incluso presentando un folio en blanco todos los alumnos quedarían automáticamente aprobados.

Como os he dicho a principio aquella terrible venganza, aquella crueldad infinita, del canónigo profesor de filosofía sigue llenando de pesadumbre y vergüenza mi ánimo y mi alto sentido de la dignidad y la responsabilidad. Y no sólo se cebó en mí, sino que estoy convencido de que las irresponsables acciones de aquella panda de desarrapados con la cabeza llena de pájaros estuvieron en el origen de todo lo que ocurrió en la ciudad de Córdoba después: la concatenación de hechos que convirtieron a un oscuro párroco de pueblo, canónigo y profesor universitario en un cacique absoluto, amo prácticamente total de una ciudad en la que hizo y deshizo a su antojo y en la que nadie jamás osó hacerle un feo ni un desprecio en su cara.

No es difícil imaginarlo una vez acabado el curso 75-76 y perpetrada su venganza contra los estudiantes, arrodillado en soledad ante el altar mayor de la Mezquita haciéndose el siguiente juramento:

A Dios pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar desprecio, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar desprecio!

lunes, 15 de febrero de 2016

Que Dios te lo pague, Partido Socialcatólico Obispal Español

El Vals de las Mariposas

Son innumerables las anécdotas que desde hace más de 20 años señalan a la actual consejera de Cultura de la Junta de Andalucía como una quintacoluminsta del estado vaticano en las instituciones civiles, o cuanto menos como ardorosa chupeteadora de anillos, más o menos oscuros, episcopales. Es más que probable que fuera por esa condición de católica practicante y ardorosa cofrade por la que el PSOE la incitara al transfuguismo desde su formación de origen, Izquierda Unida, a la suya. Contaría con un elemento más para reforzar su línea directa con los anillos, más o menos oscuros, episcopales, con los que ya contaba: el infecto Bono, palmero de Monse Cañizares, el rey de la pasarela de moda clerical Ci-velas-; su monaguillo el tragahostias Page -sí, el que prohibió el Concilio Ateo de Toledo porque podría erizar la pelusilla escrotal o vulvar de la cabaña lanar católica que apacentaba el antediluviano Monse; Josep Fèlix Ballesteros, el tarraconense alcalde beatificador de mártires católicos de la Cruzada fascista, el exalcalde de Coruña y conspicuo fundamentalista católico, el meapilas Belloch que lo fuera de Zaragoza… y un largo etcétera de importantes políticos que hacen de polis buenos, frente a los malos del partido que no son creyentes pero cuyo supuesto peso sirve para despistar a los cientos de miles de votantes que no comulgan los domingos y darle una apariencia de partido laicista.

Pero vayamos a nuestras anécdotas. La primera se refiere a un viaje que la que fuera alcaldiosa de Córdoba realizó con un equipo municipal a la isla Rodas durante varios días de septiembre de 2003 con motivo de recabar el apoyo de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad allí reunidas para su candidatura a la Capitalidad Cultural de 2016. Toda la delegación municipal cordobesa contaba con sus billetes de vuelta de precio normal para unos días después. Pero hete aquí que la alcaldiosa se entera de que al día siguiente se celebraría en Córdoba la toma de posesión del nuevo obispo, el que llegaría a ser su gran amigo –y según las malas lenguas, su confesor- Monse Asenjo, y al que acudirían 40 obispos 40, un nuncio y el arzobispo de de Toledo y sobre todo el gran valedor desde siempre de la tránsfuga, el nacionalmeapilista presidente de CLM José Bono. Y ella con esos pelos y sin poder ser fotografiada chupeteando tanto santo anillo episcopal rodeada de humo de incienso y aroma de cera. Así que mandó cargar al presupuesto municipal, es decir a todos los cordobeses, dos billetes extraordinarios –uno para ella y otro para su jefe de gabinete- de vuelta a España que costaron un güebo y la yema del otro para que la doña pudiera lucir su clásica chaquetiya Tío Pepe en día tan señalado de la coronación episcopal en la Mezquita (antes mezquita).

La otra anécdota es más conocida y cuenta que después de haber abandonado la sana costumbre casi obligatoria en una política de izquierdas de asistir a las manifestaciones del 1 de Mayo ese mismo año, no dejó sin embargo de asistir un mes después al bodorriazo que se montó Il Capo di Capi de Córdoba, Monseñor Castiglieggio en Sevilla con misaza en la catedral concelebrada por porretón de curas y dos mil y pico trabajadores de Cajasur que fueron trasladados como borregos para el relleno, previo pago de regalo para don Michele. Eso daba ya una pista, por si había dudas, de cuáles eran las preferencias de nuestra beatiphica damisela.

Contando con que además la actual señora presidenta de la Junta es también una reconocida católica practicante, cofrade y alguien a quien aparte de su brillante carrera profesional en los pasillos del partido no se le ha conocido más profesión que la de catequista, no sé yo cómo ahora todo el mundo se echa las manos a la cabeza cuando el Partido Socialcatólico Obispal Español después de haber engañado según su costumbre a todos los laicistas andaluces haciéndoles guiñitos cuando se ha visto presionado por el clamor popular, introduciendo en su último programa electoral su compromiso con la reclamación de propiedad pública de la Mezquita, ha finalmente seguido los dictados de quien, en materia de patrimonio y espiritualidad manda en la Junta: Monseñor Asenjo. Y como la verdad no la puede decir se ha buscado unas apestosas excusas para no hacer lo que otras comunidades autónomas han hecho: exigir al Registro de la Propiedad los bienes inmatriculados fraudulentamente por la Hermandad del Santo Latrocinio para proceder a reclamar su devolución al estado, su legítimo dueño.

Dios se lo pagará, hermanas.

domingo, 14 de febrero de 2016

Apolojetas del arqueoterrorismo

Los tartufos profesionales, esos conservacionistas que venden o alquilan su más o menos dudoso prestigio profesional para tapar cuidadosamente los crímenes de las administraciones contra el Patrimonio Histórico Artístico de este triste país parecen estar de buen año. El Poder los necesita en estos momentos en que le urge mantener lo más tapados posible los insondables pozos de mierda que de sus actuaciones recientes podrían rebosar si en lugar de ditirambistas a sueldo para que hablen en los medios, lo hicieran héroes defensores del Patrimonio, sin nada que perder ni nada que guardar. O incluso, más mérito aún, con mucho de lo mismo. O sea, mártires.

Hoy viene a Córdoba un señor conservacionista del Patrimonio que ha sido contratado con dinero público para que haga un informe de parte en el que mediante las hiperbólicas alabanzas de rigor mantenga tapado el hediondo pozo de mierda de las actuaciones de las administraciones estatales, autonómicas y locales en su deber de protección de los Bienes Patrimoniales de la Humanidad (con título oficial o sin él, porque todos lo son) de la ciudad de Córdoba en los últimos 30 años.

En la felpúdica entrevista que se le ofrece en la Hojilla Parroquial entre otras varias desvergüenzas (pasar de puntillas por el tema de las parcelaciones o del trampantojo restaurador, mostrarse extrañado de que el dueño del capitel a la venta tenga papeles) hace una afirmación que debería grabarse con letras de oro en el Muro de la Vergüenza y de la Infamia de los Expolios Universales. Dice la lumbrera:

En Córdoba conservamos la Mezquita, uno de los lugares más impresionantes del mundo, pero solo representa el aspecto religioso de esa sociedad, todos los aspectos civiles, cómo vivía esa gente, han desaparecido, y Medina Azahara nos ofrece la posibilidad de completar ese aspecto religioso que tenemos en la Mezquita con una panorámica de cómo era una ciudad de aquella época.

Como no puede ser ignorancia, siendo quién es y dedicándose a lo que se dedica,  debemos suponer que este señor lo que está haciendo es ocultar primorosamente el hecho de que está hablando de una ciudad donde LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS (estado, autonomía, ayuntamiento y universidad) son responsable de la destrucción A CONCIENCIA de UN MILLÓN Y MEDIO DE METROS CUADRADOS DE LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS perfectamente conservados de una ciudad islámica REAL (no palatina como es exclusivamente Medina Azahara) del siglo X para construir urbanizaciones de miles de adocenados pisos innecesarios sólo para engordar la burbuja inmobiliaria y la especulación del suelo. Y sin que se haya conservado ni uno solo de ellos como muestra para las generaciones futuras a las que se les ha escamoteado definitivamente el conocimiento directo de cómo vivían los cordobeses del siglo X, cómo eran sus calles, sus empedrados, sus casas, sus patios, sus pozos, sus mezquitas, sus medersas... La pulverización de una verdadera Pompeya Islámica. Un verdadero Holocausto Arqueológico. Así, esa afirmación de que todos los aspectos civiles, cómo vivía esa gente, han desaparecido, así por las buenas, como por arte de birlibirloque, debería considerarse APOLOGÍA DEL TERRORISMO ARQUEOLÓGICO, como a alguien que hablase de simple desaparición (¿emigraron, se fueron de vacaciones?) de seis millones de judíos en Europa Central se le considera apologista del Holocausto.

Con la festolina que están montando en Medina Azahara para animar a la UNESCO a que le conceda el mismo título de Patrimonio de la Humanidad que ya consiguiera la Mezquita y el casco histórico de Córdoba, un buen esperpentista de la estirpe de Valle Inclán podría escribir una obra cumbre del género. Probablemente el mayor de los delirantes despropósitos de todo el pollastre es que la señora que lo preside  y actual Consejera de Cultura de la Junta es la misma persona que fuera concejal de urbanismo en los tiempos en los que, por su manifiesta inoperancia, la metástasis del parcelismo ilegal se comió parte del perímetro de la zona arqueológica de la ciudad palatina de Abderramán III. La misma que siendo alcaldesa no movió ni un sólo músculo para salvar ni un sólo metro cuadrado de los arrabales califales. La misma cuyas actuales maniobras dilatorias e intoxicadoras que acompañan a la gestión política reclamada por los ciudadanos para el mantenimiento de la Mezquita como Bien Público contra las pretensiones de la Iglesia católica de apropiarse de ella, hacen sospechar que se encuentra más a sueldo (al menos espiritual) de aquella que de los ciudadanos.

Por si acaso las delirantes declaraciones del señor conservacionista profesional fueran extrañamente más fruto de supina ignorancia que de voluntad ocultadora, adjunto imágenes de algunas de las estructuras de los aspectos civiles, cómo vivía esa gente que la mayoría de los políticos y gestores que lo han contratado destruyeron inmisericordemente, escamoteándolos a las generaciones de ciudadanos de todo el mundo, sólo para engordar los bolsillos de un puñado de empresarios especuladores sin más patria que sus cuentas de resultados.

O sea la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Córdoba solos o en compañía de otros no sólo se han cepillado esto:

Sino también esto:

Y esto:

Y esto:

Y esto: