(del laberinto al treinta)


miércoles, 1 de marzo de 2006

La Duquesa de Alba, Hija Explotadora Predilecta de Andalucía

Que los socialistas europeos y los de este país concretamente ocupan un espacio que no les corresponde es algo que está a la vista. En este país la izquierda hace el papel de la derecha civilizada, mientras la derecha hace el papel de la ultraderecha cerril, de la caverna irracional y criptofascista. Tal vez sea la única forma que tienen de conseguir el poder, disfrazarse de liberalotes inofensivos, aunque con el tiempo han asimilado el disfraz a su propia piel, de manera que ya no es que se lo hagan, es que ya son así. Con todo, a veces deberían ser un poco cuidadosos y no ofender sus orígenes, sus antiguos principios, la memoria de sus olvidados inspiradores, la dignidad de los pobres a los que deberían defender.

No hace mucho titulé una entrada de esta bitácora La profunda idiocia socialista. En ella recogía una carta en la que se denunciaba la innombrable ofensa que el Gobierno Socialista había infligido a todas las mujeres encarceladas en las siniestras cárceles franquistas concediendo el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia a la orden religiosa de las Hijas de la Caridad que fueron sus carceleras.

Hoy, Día de Andalucía, el gobierno socialista andaluz concede el título de Hija Predilecta de Andalucía a Cayetana Fitr Estúar Yeims, Duquesa de Alba.

Yo no sé nada de las virtudes personales de esa señora, aparte de, como dice Antonio Manuel en el Día de Córdoba de ayer (El insulto de la Duquesa), sus inenarrables apariciones en la feria de Sevilla vestida de faralaes como una Mariquita Pérez disecada en su calesa o cuando se le derraman las palabras de la boca con ese acento que unos llaman andaluz, y que yo creo que obedece científicamente a la misma razón que el silbido de una flauta, para merecer dicha distinción. Nuestro inefable hombrecillo Gaspar Zarrías parece que sí, cuando habla de su naturalidad, llaneza y alejamiento de la pompa, su personalidad íntimamente ligada a la forma de ser andaluza y muy especialmente a Sevilla, ciudad en la que reside habitualmente en el Palacio de las Dueñas y de cuyas tradiciones y costumbres es una activa embajadora. Pa mearse y no echar gota...

Lo que sí sé es que esa señora es alguien lo es sola y exclusivamente por ser Duquesa de Alba y que lo que ese título nobiliario significa para Andalucía no trae a la mente de las personas decentes más que el recuerdo del oprobio de la explotación incesante a que se ha sometido al pueblo andaluz, pueblo de jornaleros campesinos a lo largo de varios siglos.

Hay demasiada sangre y demasiado sudor de pobres cimentando el imperio cortijeril de esa señora y de toda su casta para que ahora vengan estos mamporreros encorbatados a rescatarla para la iconografía moral de esta tierra.